Lo que parecía ser un macabro hallazgo terminó con un final completamente diferente en la fría noche del lunes 29 en un predio del Parque Industrial de Centenario. Alrededor de las 20 horas un hombre alertó que cuando caminaba por un sector de la calle José Franzo, hacia el noroeste, advirtió que contra unos paredones de premoldeados se encontraba una bolsa de consorcio al parecer con restos humanos en su interior.
La llegada de efectivos policiales fue inmediata y el acceso al lugar fue cerrado con una cinta de peligro. Estos cuando llegan observaron dos bolsas color negras y lo que podía ser un cuerpo, se observaba un pie afuera de estas. Con el correr de los minutos había mucho hermetismo y también llegaron los comisarios Rodrigo Bastías, a cargo de la Comisaría Quinta, y el Néstor Catalán, Coordinador de la Zona Periferia II.

Todos los protocolos se activaron para resguardar la escena y primero trascendía que no había denuncias sobre personas desaparecidas en la ciudad, lo que le agregaba una incógnita a los primeros pasos investigativos que desarrollaban en un sector muy oscuro.
Alrededor de la hora 21:50 fue cuando el Departamento Criminalística se hizo presente y comenzó con la identificación de lo que había en el interior de la bolsa. Para sorpresa de las autoridades presentes se trataba de una muñeca sexual realista. De la preocupación inicial muchos pasaron al alivio y otros no podían creer que se tratara de esto. Los alrededores también fueron analizados ya que se presumía que había ropa de mujer en las cercanías.

Los peritos constataron que la muñeca medía 1,20 metros y a simple vista desde lejos nadie podía descartar de que no se tratara de una persona. Una vez que realizaron la prueba fotográfica, procedieron a envolverla y trasladar en uno de los móviles.

En los primeros minutos también algunos efectivos no habían descartado de que fueran restos de animales o hasta una macumba, aunque todo se descartó finalmente con el análisis minucioso y algo que seguramente quedará como anécdota.
La ausencia de cámaras de seguridad en la misma cuadra donde ocurrió esto hacían casi imposible identificar quien podía estar detrás del arrojo de la bolsa.














