¿Copahue? No, Centenario. En la intersección de las calles Jujuy y Santo Della Gaspera «La laguna Verde» es una colorida postal que se repite incesantemente en la mayoría de las principales arterias de los barrios, pero sobre todo de la segunda Meseta.
Calles anegadas, avenidas que terminan en lagunas imposibles de franquear (cómo Manquiao al fondo) con un vehículo bajo y muchas veces ni con camionetas, alimentadas por cada lluvia -así sea escasa- o por las mangueras a pocos centímetros de la superficie de las conexiones clandestinas que se rompen con el paso de los vehículos o las máquinas.
El paisaje es una mezcla de polvo, sequedad y agua que parece el espejismo de un oasis en plena meseta, pero no, es el producto de las perdidas en la red, residuales o de lluvia que se mantienen por meses, todo esto atravesado por espacios verdes con las malezas crecidas, plantas secas y calles con pozos que destruyen el tren delantero, de muchas veces, el único capital de la clase media; el auto. Con cada lluvia se forman y los vecinos las tienen identidades como en una especie de GPS mental para llegar a sus casas desde el trabajo, la escuela o el médico.
Los principales accesos a la segunda meseta cómo la Avenida 25 de Mayo, reciben un mantenimiento intermitente, mientras que muchas otras calles muy utilizadas por los vecinos se convirtieron en una travesía llena de pozos y aguas servidas que escurren a la par de la calzada.
Si atravesarlas en auto es una odisea, hacerlo con criaturas o con carritos de bebes a pie las convierten incluso en un riesgo sanitario por el contacto con los efluentes cloacales.
Calles como Los Onas, Emilio Manquiao, Córdoba, Aladino Fuentes, Facundo Quiroga, Simón Bolívar, Santa Fe, Elías Sapag, Chacho Peñaloza, Felipe Sapag, entre otras, son el desvelo de quienes tienen que obligatoriamente transitarlas todos los días y vivir cerca o atravesando esas arterias convierten a ese vecino- y a su familia- en un sujeto de derechos vulnerados ya que los vehículos de emergencia, taxis, servicios de transporte público e incluso la recolección de los residuos representan tareas que ni las más hábiles muñecas detrás de un volante quieren desafiar.
Mientras las pocas cuadras de asfalto ejecutadas en Centenario se amparan en los discursos de que son barrios antiguos con derechos adquiridos por los años, los pedidos de mantener y planificar nuevos accesos y avenidas troncales en la segunda meseta caen en pedidos que son retrucados con extensas explicaciones de “excelentes gestiones” mezcladas con enojo ante los inentendibles (para quienes no transitan a diario esas calles) reclamos por parte de los vecinos a los funcionarios del Poder Ejecutivo municipal.
¿Traerá en sus entrañas retoricas el nuevo Código Urbano y Rural propuesto con insistencia por el Ejecutivo Municipal algún aliciente para los vecinos que fueron empujados por las ultimas gestiones a vivir en la segunda meseta? Hay serias dudas planteadas al respecto ya que las pocas exposiciones públicas y defensas del proyecto se centraron mayoritariamente en la zona rural y en los servicios de ruta.
Nada de lo propuesto desde un escritorio tiene sentido para las familias de la segunda meseta si no se ponen como primera prioridad la realización de obras complementarias y el posterior asfaltado de las arterias más utilizadas por los vecinos, entendiendo que Centenario creció hacia la meseta y hoy ese sector aloja a la gran mayoría de las nuevas familias de nuestra ciudad viviendo con carencias de servicios esenciales.


