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Hugo Luna: “La panadería es mi vida”

En el día del panadero contó como se encuentra actualmente el rubro y los desafíos contantes que implica la elaboración del pan y como las familias han modificado la compra.

Cada 4 de agosto, en Argentina se conmemora el Día del Panaderouna fecha que no surgió de un decreto oficial ni de una tradición religiosa, sino de un acto de organización obrera: la fundación, en 1887, del primer sindicato de trabajadores de panaderías del país. Ese gesto de resistencia colectiva dejó, además, una marca inesperada en la cultura popular: los nombres de las facturas que hoy se consumen a diario en cualquier panadería del territorio.

En Centenario “Dos Luna” el proyecto de una familia que continúa día a día llevando el pan a la mesa de los vecinos y supo hacerle frente a las crisis, a tiempos complejos. Hugo, su dueño, cuenta que hoy uno de sus hijos sigue su legado y que le es imposible no estar en el local de calle Honduras casi Libertador todos los días porque es su vida, su primera casa según reflexionó.

En una entrevista con la FM Red Social 97 señaló que siempre tratan de no aplicar aumentos, aunque a veces no hay otra alternativa debido a la suba de la harina y de otros insumos: “La llevamos, esto es laburo y laburo, dentro de todo bien, yo creo que Neuquén es una isla. Acá si hay gente que pasa a pedir una bolsita de pan y hace tiempo hay gente que pide” sostuvo.

El pan tipo caserito y también lo saborizado se destaca entre las especialidades y lo mismo con la “mini facturas” que son muy elegidas, es verdad ya no todos compra de a un kilo, sino que prefieren llevar medio o un cuarto a diferencia de los que sucedía años atrás.

“La panadería es mi vida, yo vengo todos los días, un día que no venga y doy vueltas en la casa, los chicos acá siempre están armando el pan, están muy bien, yo acá cuando me voy la extraño, es más que mi casa, me pongo a hablar con la gente siempre”

Los significados de los nombres de las facturas

La misma energía que llevó a los panaderos a organizarse encontró otra vía de expresión: el bautismo irónico de sus productos. Según documenta la Biblioteca Nacional Mariano Moreno en “Folletos anarquistas en Buenos Aires”, el movimiento obrero panadero de fines del siglo XIX mantuvo “un núcleo de militantes anarquistas” que marcó la línea ideológica del gremio. Fue en el contexto de las huelgas de 1888 cuando los trabajadores comenzaron a ponerles a las facturas nombres que satirizaban a las instituciones de poder: la Iglesia, el Ejército y la Policía.

Los vigilantes —ese pan largo, a veces relleno de membrillo o crema pastelera— recibieron su nombre como burla a las fuerzas policiales. Las bombas de crema y los cañoncitos apuntaban al Ejército: las primeras ironizaban sobre los artefactos explosivos militares, mientras que los segundos aludían directamente a los cañones de las Fuerzas Armadas.

La Iglesia tampoco quedó al margen: los sacramentos parodiaban el ritual religioso, y las bolas de fraile eran una alusión satírica a los miembros del clero, tal como recoge el repositorio del CONICET al señalar que durante la huelga “los anarquistas del sindicato cambiaron el nombre de muchos productos horneados con nombres que todavía se usan en la actualidad, aludiendo a menudo a acciones contra el Estado o satirizando la religión y el gobierno”.

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